En las aplicaciones era Catulo_22



y usaba esta foto para que llegara hasta la montaña el producto de la cacería virtual a perder el hilo, multiplicarlo, deshilachándolo a direcciones tornasoladas que dan play en el escenario vivo, tan serio como un juego, entendiendo que no se trata de certezas sino de experiencia.

Cuál es la ganancia ¿muchos likes? que aprueben qué exactamente,  que me gusta escribir, editar y editar hasta quedar satisfecho, acabar como se debe, no quedar con ganas ¿en serio creen que lo hago por ustedes?

Mi necesidad de escribir casi la siento biológica, o mejor dicho, la de crear y ser más allá de los convencionalismos. Me maman y no tan rico como estas montañas y arbustos permiten, no: me agotan, me marchitan, me intoxican las redes sexuales.

Y no porque sí, un amigo llevó a unos tipos a su apartamento y en la cárcel están ahora los hijos de puta y mi amigo revive con cada una de estas palabras. No quería que todo se oscureciera, ya pasó y aquí seguimos.



 Ni yo escogí esta foto, fue Alexander, mi mejor amigo, el mismo que me armó los perfiles en Tinder y Grindr y otras pero solo las mencionadas eran esas las de uso frecuente, en mi vereda al menos. Toda la vida de montañero ajeno al avance tecnológico, a la posibilidad de ser un tarzán con iphone, un pornógrafo en la web.

Jamás he tenido tanto sexo como cuando me enganché a esas aplicaciones. De haber sabido mis veranos no hubieran sido paja y cuentos, paja ensayos,  paja y lo que salga, crear, venirse en ideas. Imposible separar creación de erotismo, de la piel y mi sudor, me he acostumbrado a los guantes, a la fondue, a las eternas charlas en chimenea y Consuelo, nuestra Grecia en cada cena chispeando.

El devenir ortodoxia intenta gobernar y ZUAZ cae a patinar sobre el rizoma en círculos danzantes. Diatriba, voyerista del cunnilingus, conviérteme en el legado  chamánico de Larry Flint. 



Albert M. 

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